sábado, 21 de diciembre de 2013

Carta a Papá Noël

Querido Papá Noël,

Sé que es un poco tarde para escribir mi carta porque seguro que ya estás terminando de prepararte para viajar por todo el mundo y así entregar todos los regalos. Pero, aunque es tarde, te pido por favor que leas mi carta y me des mi regalo de navidad. No te preocupes porque no te voy a pedir ningún regalo, solo un poco de magia... ¡Tú tienes un montón! ¿Puedes compartir un poco conmigo, por favor?
Sé que siempre te pido un súperpoder como ser invisible o poder volar, pero este año es diferente. Te lo prometo. Y si no me crees, pregúntaselo a mi hermana que está viendo como no cruzo ningún dedo.
En realidad, mi regalo de navidad no es para mí: es para mi papá.
El año pasado, mamá se fue. Papá nos explicó que ahora está contigo, en tu estrella que está en el cielo, porque te está ayudando a ver qué niños se portan bien. La verdad es que mamá es la mejor y por eso entiendo que la necesites. Encima, ella es la persona más buena del mundo mundial así que no te dijo que no. Yo la echo de menos pero como sé que me está vigilando, cuando quiero hablar con ella, miro al cielo, busco la estrella y la saludo. Pero para papá es muy diferente. Él la echa muchísimo de menos, está muy triste desde que mamá se fue allí arriba contigo y por mucho que le diga que ella le puede ver, no se anima nunca. Papá piensa que no volverá a ver a mamá nunca más y, por eso, te escribo esta carta. Como regalo de navidad, quiero demostrarle a papá que está equivocado. Mamá está trabajando contigo por ahora pero estoy seguro de que ella volverá en cualquier momento. No se va a pasar toda la vida allí arriba sin nosotros, ¿verdad? Eso sería una tontería. Además, como el día 24 repartes los regalos, no creo que te moleste llevar a mamá contigo y dejarla en casa cuando llegues aquí. Te prometo que el día 26, te la puedes volver a llevar contigo para empezar con el trabajo del año que viene. Muchas gracias Papá Noël, papá se llevará una sorpresa brutal. 

Víctor

PD: Gracias por todo lo que haces por nosotros, eres el mejor. 
PD2: Dale besos a mamá de mi parte. 
PD3: Por cierto, deberías traerle el ordenador que ha pedido a mi hermana porque es la mejor de todas y me está escribiendo esta carta (yo todavía no sé escribir muy bien).

PD4: Sé que no existes y que está carta no la leerá nadie pero es algo muy importante para mi hermano pequeño así que, por favor, si existe algo parecido a la magia, al espíritu navideño o a lo que sea, haz que nuestra madre se presente en casa por navidad. Él no tiene porqué saber lo ocurrido es demasiado pequeño para saber y entender la verdad. No dejes que pierda la inocencia con tan solo siete años.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Y saltó.



Y saltó.
No saltó por cobardía ni por miedo. Sabía que saltando no solucionaría ningún problema de los que ahora rondaban por su vida. Saltó desesperadamente, sí, pero sin perder ningún momento la razón. Contradictorio... pero así son las personas. Así es la vida. En cierto modo, podría considerarse una decisión completamente madura. No lo hizo por presión de grupo. No dejó que nadie le hiciera sentir, ni por un solo segundo, como alguien que no mereciera la pena. Siempre caminó con la cabeza bien alta y con mucho orgullo. Nunca empequeñeció a sus amigos pero tampoco dejó que lo frenaran. Era consciente de lo que eso conllevaba pero hay momentos en la vida en los que uno debe hacer lo que le dicta el corazón, por mucho que pueda equivocarse.
Y saltó.
Saltó con tantas ganas, con ansia por empezar a vivir. En efecto, saltó porque quería empezar a vivir. Nadie lo entendía. Era absurdo... Era su momento absurdo. Daba igual lo que dijeran, él saltó por un motivo y siempre que él lo tuviera presente, lo demás no importaba.
Y saltó.
Y resultó ser el mejor momento de su vida. Se sintió libre. Por primera vez en cuarenta años, se sintió libre... Saboreó la libertad más pura que se pueda conocer jamás y, a partir de ese momento, se lamentó. Deseó volver atrás. Pausar la película y retroceder, tal y como hacía él cada vez que quería disfrutar, por segunda vez, de una secuencia. Quiso echar marcha atrás para convertirse en cobarde y abandonar al último momento. Pero no pudo.

Y saltó...
Y ahí se quedaron su vida, sus ganas, sus deseos y sus ambiciones. Todo eso lo abandonó después de ese maravilloso salto. Saltó por primera y última vez. Jamás lo volvería a repetir... 
Al menos, por un instante, por pequeño que fuese, se sintió el centro de atención. Se sintió importante y poderoso. Sí, poderoso... algo que nunca pensó conocer.
Ya era suficiente, no necesitaba nada más. No se arrepentía de lo sucedido. El había sufrido durante mucho tiempo y ahora les tocaba a los demás. ¡QUE SE JODAN! Sin perdón de la palabra. Que no duerman por la culpabilidad que les reconcome por dentro y que se culpen unos a otros como si importase más el acusado que lo sucedido. Se lo merecen.

water

Aunque, a pesar de todo, había algo de lo que se arrepentía y...
¿Qué más da ahora? Ya es demasiado tarde.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Sophie.

No sabe el número exacto aunque, sinceramente, tampoco le importa. Recluida al fondo de la clase, en una mesa sola, apartada, aislada... como a ella le gusta... Está cansada, Sophie está agotada. No es por quedarse la noche en vela terminando de leer la última novela que ha comprado, ni por haberse despertado a las cinco de la mañana para pasearse hasta el kiosko y comprarse el periódico de todas las mañana, acompañada de su querida amiga Luna. Sophie está cansada porque quiere necesita saber más, porque su afán de descubrir todo lo posible, se ve asfixiado por las personas que se encuentran a su alrededor... Desde su pequeña isla de apuntes, libros, libretas y bolígrafos, Sophie alza la vista de vez en cuando y solo es capaz de avistar un profesor desesperado y una cantidad inexacta de desinteresados. No sabe el número exacto, aunque tampoco le importa.

Sophie no es perfecta, ella lo sabe. Es tímida. Absorta en un mundo que solo ella comprende, se desentiende de la realidad. Sophie conoce la diferencia pero prefiere perderse entre la ficción. Sonríe, conversa y socializa con las personas que sean necesarias pero si le das a elegir, preferirá estar sola. Sophie no odia a las personas, simplemente no ha conocida a aquellas que puedan interesarle. Algún día, mientras disfrute de un buen chocolate caliente (sí, un chocolate caliente porque Sophie aún no es capaz de apreciar la amargura de un buen café) conocerá a un joven enamorado de Lorca, de Dickens y, ¿por qué no? de Allende. No importará el sexo ni el tamaño, ambos gozarán de apasionantes discusiones. Entre incomprendidos, bohemios, solitarios y literatos, Sophie y su nuevo amigo descubrirán la intensidad de una nueva amistad... Alocados. 

Pero, de momento, Sophie sigue inmersa en su pequeña isla de apuntes, libros, libretas y bolígrafos. De momento, Sophie sigue sin comprender el porqué de la falta de curiosidad de sus compañeros. De momento, Sophie es una pequeña e inocente rata de biblioteca que se apresura a roer todo libro que se cruce en su camino. 
De momento, Sophie es pura pasión.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Buenos días, cariño.

"Buenos días, cariño. ¿Escuchas el día que amanece? La ciudad nos espera. Siento los pájaros entonando la melodía del nuevo día, los coches peleando contra el silencio y la gente poblando las calles que están empezando a despertarse. Perdóname, no quería despertarte tan pronto... Ya sabes cómo soy, dormir nos quita momentos para disfrutar del fantástico día que nos espera. Venga dormilón, es hora de levantarse. ¿Sabes que es lo que más me gusta de las mañanas como esta? Exacto, despertarme a tu lado. ¿Hace cuánto que te lo digo? ¿Cómo? ¿Ya van 50 años juntos? No te enfades viejo cascarrabias, claro que no me he olvidado. Nunca me olvido de ti. Te quiero, amor. Feliz aniversario. ¿Qué te parece si nos escapamos y pasamos el día en el viejo lago? Sí... Nuestra primera cita fue allí. No sabes cuanto me aburrí ese día. Jamás habría pensado que ese chico, obsesionado con la pesca, sería algún día el padre de mis hijos. No lo sé, no sé porque accedí a una segunda cita contigo, pero algo en mi interior me dijo que te la merecías. Yo también me alegro de habértela concedido. Míranos ahora, 50 años después, todavía juntos, con tres maravillosos hijos y cinco alocados nietos. Hemos tenido mucha suerte, pocas personas encuentran al amor de su vida tan jóvenes... A mi padre nunca le gustó así que no se ponga así, Don Perfecto... Ya, bueno... Puede que tengas razón. Sí, bueno, no era muy difícil agradar a mi madre. Ella solo quería a alguien que me amase con locura. ¿Cariño, tú estás loco? Te lo pregunto porque solo un loco aguantaría con una sonrisa durante 50 años a esta vieja pesada... A veces desearía tener 20 años otra vez. Pues, ¿por qué va a ser? Por aquel entonces era hermosa. ¿Te acuerdas? Solía llevar un vestido rojo con topos blancos que me regaló mi madre. Adoraba como me quedaba ese vestido y cuando me sacabas a bailar, siempre te pedía que me hicieras girar... Se me levantaba el vuelo del vestido y disfrutaba como una niña pequeña mientras tú te reías porque siempre acababa mareada. A pesar de todo, siempre me hiciste girar... Ahora tengo el pelo corto y gris... Echo de menos mi largo cabello dorado. Tú jugabas con él, me lo acariciabas y me despeinabas continuamente. Nunca fui una dama hecha y derecha, cosa que a ti te encantaba. ¿Recuerdas? "No quiero una dama a mi lado, quiero una compañera de juegos. Quiero una exploradora, una aventurera que se suba las mangas cuando tengamos que subir una montaña. Quiero correr, descubrir paisajes inhóspitos. Quiero ensuciarme de amor y limpiarme con peleas. Las peleas son importantes, sobre todo si son de cosquillas. No quiero preocuparme del qué dirán sino de lo que tú pienses. Quiero una mujer que pueda vivir sin mi y que a pesar de todo, decida despertarse a mi lado todas las mañanas... Amor mío, no eres ninguna dama y, por eso, eres la mejor mujer que haya podido escogerme. Te quiero." ¡Qué bien hablabas! Sabías perfectamente qué decirme y cuándo decírmelo... Me tenías enamorada. Supiste conquistarme, cariño... No me mientas, ya no soy hermosa. Tú, en cambio, fuiste elegante hasta el último día. Pasaste de ser un joven hermoso a un calvo elegante... No te enfades. Ya sabes que el humor es una de mis muchas cualidades. Al final, nos hemos puesto a hablar y no hemos hecho nada. No sé qué planes tienes tú hoy pero a mi me apetece desayunar. ¿Por qué no me subes el desayuno a la cama? No hace falta que cocines nada. Conque me subas un zumo de melocotón, me conformo."

-Buenos días, mamá. Estamos todos abajo con el desayuno listo. Hemos pensado que hoy es un buen día para ir al cementerio... Echamos de menos a papá y los niños quieren pasar el día fuera. Además, hace sol así que podríamos hacer un picnik para comer. ¿Qué te parece?

-Buenos días, cariño.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Cuídate, princesa.

"Está oscuro". No es la habitación la que está oscura sino su corazón, y Hugo lo sabe. Dos años compartiendo su vida con la mujer más maravillosa y, aun así, sabe que falta algo. Él ha luchado, lo ha intentado... Esa sonrisa que ilumina noches oscuras, esos ojos embriagadores que le atrapan sin remedio, esa risa angelical... Hugo está enamorado y eso es lo que provoca su sufrimiento.

Mira por la ventana mientras disfruta de una taza de chocolate ardiente. Llueve, no hay hojas en los árboles y las calles están vacías. Suspira. La decisión está tomada. 

-¿No hay una taza para mi?
-Hey... Pensaba que dormías. No quería despertarte.

Le da un beso en la mejilla y le sonríe. Duele. Se acerca al armario y coge una taza. Hugo sonríe, todavía recuerda el día en que decidió comprarle esa taza. Disfrutaba observando cómo se tomaba su café cada mañana en esa taza. Sensual pero divertida, tranquila y llena de energía. No terminaba de entenderlo pero todo lo hacía así, ella era así. Se sienta junto a él y mira por la ventana.

-¿Me quieres? - "que pregunta más estúpida, ya sabes la respuesta, Idiota."
-Pues claro, idiota. - Alexis sonríe - ¿Qué pregunta es esa?
Hugo sonríe por dentro. Idiota. Siempre lo llama así y siempre le ha gustado. Incluso un insulto parece la palabra más bonita cuando sale de su dulce boca.
-No me lo dices nunca... Empiezo a pensar que no me quieres. Llevamos dos años juntos y si todavía no has sentido que debías decírmelo, por algo será.
-Dime que estás bromeando.

Hugo clava la mirada sobre sus ojos. Qué mar más bonito, qué azul más intenso... Le duele pero necesita saberlo. A pesar de todo, él también merece ser feliz.

-Pensaba que eras diferente, que sabías ver más allá. - pausa. Finalmente, añade dolida. - Pensaba que TÚ me entendías.

Alexis se levanta, intenta irse de la habitación pero él la detiene. Esta vez no, ahora merece saber toda la verdad.

-No pienso dejar que huyas. No esta vez. Sé sincera, por favor...
-No entiendes nada... No me lo puedo creer.
-Después de estos dos años juntos empiezo a pensar que estás conmigo por estar. Es más cómodo estar con alguien que sola... Simplemente, es comodidad.
-Eres gilipoyas. - Esta vez, no hay palabra bonita. Esta vez, Hugo recibe una palabra envenenada con odio. Esta vez, Hugo entiende qué está pasando.
-Alexis... En el amor hay que arriesgarse. No vale quedarse a medias. Es un juego en el que se da todo o nada, y tú... Cariño mío... Tú no estás jugando conmigo. - Y el mar se alborota, se transforma, se vuelve loco. Las olas invaden la arena... - No llores, amor mío.
-No. - Alexis aparta la mano de Hugo y se limpia sus propias lágrimas. - Tengo miedo...
-Sé valiente. Todos tenemos miedo pero lo superamos, no dejamos que nos bloquee. Luchamos y nos enfrentamos a él.
-Te necesito.

Hugo la mira y le da un beso en la mejilla. Le acaricia la cara y, esta vez, limpia la gota que recorre su rostro. El mar sigue alborotado, debe llegar la calma. Hugo sonríe, va a la habitación y vuelve con una maleta en la mano. Ya sabía que hoy era el día, no podía esperar más. La habitación se colma de silencio, Alexis no quiere entender lo que sucede. Hugo se acerca a la puerta y la abre.

-¡Te quiero! - grita desesperada.
-Ojalá fuera cierto... - Hugo deja las llaves en el recibidor y sale del piso.

"Cuídate, princesa."