lunes, 18 de noviembre de 2013

Sophie.

No sabe el número exacto aunque, sinceramente, tampoco le importa. Recluida al fondo de la clase, en una mesa sola, apartada, aislada... como a ella le gusta... Está cansada, Sophie está agotada. No es por quedarse la noche en vela terminando de leer la última novela que ha comprado, ni por haberse despertado a las cinco de la mañana para pasearse hasta el kiosko y comprarse el periódico de todas las mañana, acompañada de su querida amiga Luna. Sophie está cansada porque quiere necesita saber más, porque su afán de descubrir todo lo posible, se ve asfixiado por las personas que se encuentran a su alrededor... Desde su pequeña isla de apuntes, libros, libretas y bolígrafos, Sophie alza la vista de vez en cuando y solo es capaz de avistar un profesor desesperado y una cantidad inexacta de desinteresados. No sabe el número exacto, aunque tampoco le importa.

Sophie no es perfecta, ella lo sabe. Es tímida. Absorta en un mundo que solo ella comprende, se desentiende de la realidad. Sophie conoce la diferencia pero prefiere perderse entre la ficción. Sonríe, conversa y socializa con las personas que sean necesarias pero si le das a elegir, preferirá estar sola. Sophie no odia a las personas, simplemente no ha conocida a aquellas que puedan interesarle. Algún día, mientras disfrute de un buen chocolate caliente (sí, un chocolate caliente porque Sophie aún no es capaz de apreciar la amargura de un buen café) conocerá a un joven enamorado de Lorca, de Dickens y, ¿por qué no? de Allende. No importará el sexo ni el tamaño, ambos gozarán de apasionantes discusiones. Entre incomprendidos, bohemios, solitarios y literatos, Sophie y su nuevo amigo descubrirán la intensidad de una nueva amistad... Alocados. 

Pero, de momento, Sophie sigue inmersa en su pequeña isla de apuntes, libros, libretas y bolígrafos. De momento, Sophie sigue sin comprender el porqué de la falta de curiosidad de sus compañeros. De momento, Sophie es una pequeña e inocente rata de biblioteca que se apresura a roer todo libro que se cruce en su camino. 
De momento, Sophie es pura pasión.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Buenos días, cariño.

"Buenos días, cariño. ¿Escuchas el día que amanece? La ciudad nos espera. Siento los pájaros entonando la melodía del nuevo día, los coches peleando contra el silencio y la gente poblando las calles que están empezando a despertarse. Perdóname, no quería despertarte tan pronto... Ya sabes cómo soy, dormir nos quita momentos para disfrutar del fantástico día que nos espera. Venga dormilón, es hora de levantarse. ¿Sabes que es lo que más me gusta de las mañanas como esta? Exacto, despertarme a tu lado. ¿Hace cuánto que te lo digo? ¿Cómo? ¿Ya van 50 años juntos? No te enfades viejo cascarrabias, claro que no me he olvidado. Nunca me olvido de ti. Te quiero, amor. Feliz aniversario. ¿Qué te parece si nos escapamos y pasamos el día en el viejo lago? Sí... Nuestra primera cita fue allí. No sabes cuanto me aburrí ese día. Jamás habría pensado que ese chico, obsesionado con la pesca, sería algún día el padre de mis hijos. No lo sé, no sé porque accedí a una segunda cita contigo, pero algo en mi interior me dijo que te la merecías. Yo también me alegro de habértela concedido. Míranos ahora, 50 años después, todavía juntos, con tres maravillosos hijos y cinco alocados nietos. Hemos tenido mucha suerte, pocas personas encuentran al amor de su vida tan jóvenes... A mi padre nunca le gustó así que no se ponga así, Don Perfecto... Ya, bueno... Puede que tengas razón. Sí, bueno, no era muy difícil agradar a mi madre. Ella solo quería a alguien que me amase con locura. ¿Cariño, tú estás loco? Te lo pregunto porque solo un loco aguantaría con una sonrisa durante 50 años a esta vieja pesada... A veces desearía tener 20 años otra vez. Pues, ¿por qué va a ser? Por aquel entonces era hermosa. ¿Te acuerdas? Solía llevar un vestido rojo con topos blancos que me regaló mi madre. Adoraba como me quedaba ese vestido y cuando me sacabas a bailar, siempre te pedía que me hicieras girar... Se me levantaba el vuelo del vestido y disfrutaba como una niña pequeña mientras tú te reías porque siempre acababa mareada. A pesar de todo, siempre me hiciste girar... Ahora tengo el pelo corto y gris... Echo de menos mi largo cabello dorado. Tú jugabas con él, me lo acariciabas y me despeinabas continuamente. Nunca fui una dama hecha y derecha, cosa que a ti te encantaba. ¿Recuerdas? "No quiero una dama a mi lado, quiero una compañera de juegos. Quiero una exploradora, una aventurera que se suba las mangas cuando tengamos que subir una montaña. Quiero correr, descubrir paisajes inhóspitos. Quiero ensuciarme de amor y limpiarme con peleas. Las peleas son importantes, sobre todo si son de cosquillas. No quiero preocuparme del qué dirán sino de lo que tú pienses. Quiero una mujer que pueda vivir sin mi y que a pesar de todo, decida despertarse a mi lado todas las mañanas... Amor mío, no eres ninguna dama y, por eso, eres la mejor mujer que haya podido escogerme. Te quiero." ¡Qué bien hablabas! Sabías perfectamente qué decirme y cuándo decírmelo... Me tenías enamorada. Supiste conquistarme, cariño... No me mientas, ya no soy hermosa. Tú, en cambio, fuiste elegante hasta el último día. Pasaste de ser un joven hermoso a un calvo elegante... No te enfades. Ya sabes que el humor es una de mis muchas cualidades. Al final, nos hemos puesto a hablar y no hemos hecho nada. No sé qué planes tienes tú hoy pero a mi me apetece desayunar. ¿Por qué no me subes el desayuno a la cama? No hace falta que cocines nada. Conque me subas un zumo de melocotón, me conformo."

-Buenos días, mamá. Estamos todos abajo con el desayuno listo. Hemos pensado que hoy es un buen día para ir al cementerio... Echamos de menos a papá y los niños quieren pasar el día fuera. Además, hace sol así que podríamos hacer un picnik para comer. ¿Qué te parece?

-Buenos días, cariño.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Cuídate, princesa.

"Está oscuro". No es la habitación la que está oscura sino su corazón, y Hugo lo sabe. Dos años compartiendo su vida con la mujer más maravillosa y, aun así, sabe que falta algo. Él ha luchado, lo ha intentado... Esa sonrisa que ilumina noches oscuras, esos ojos embriagadores que le atrapan sin remedio, esa risa angelical... Hugo está enamorado y eso es lo que provoca su sufrimiento.

Mira por la ventana mientras disfruta de una taza de chocolate ardiente. Llueve, no hay hojas en los árboles y las calles están vacías. Suspira. La decisión está tomada. 

-¿No hay una taza para mi?
-Hey... Pensaba que dormías. No quería despertarte.

Le da un beso en la mejilla y le sonríe. Duele. Se acerca al armario y coge una taza. Hugo sonríe, todavía recuerda el día en que decidió comprarle esa taza. Disfrutaba observando cómo se tomaba su café cada mañana en esa taza. Sensual pero divertida, tranquila y llena de energía. No terminaba de entenderlo pero todo lo hacía así, ella era así. Se sienta junto a él y mira por la ventana.

-¿Me quieres? - "que pregunta más estúpida, ya sabes la respuesta, Idiota."
-Pues claro, idiota. - Alexis sonríe - ¿Qué pregunta es esa?
Hugo sonríe por dentro. Idiota. Siempre lo llama así y siempre le ha gustado. Incluso un insulto parece la palabra más bonita cuando sale de su dulce boca.
-No me lo dices nunca... Empiezo a pensar que no me quieres. Llevamos dos años juntos y si todavía no has sentido que debías decírmelo, por algo será.
-Dime que estás bromeando.

Hugo clava la mirada sobre sus ojos. Qué mar más bonito, qué azul más intenso... Le duele pero necesita saberlo. A pesar de todo, él también merece ser feliz.

-Pensaba que eras diferente, que sabías ver más allá. - pausa. Finalmente, añade dolida. - Pensaba que TÚ me entendías.

Alexis se levanta, intenta irse de la habitación pero él la detiene. Esta vez no, ahora merece saber toda la verdad.

-No pienso dejar que huyas. No esta vez. Sé sincera, por favor...
-No entiendes nada... No me lo puedo creer.
-Después de estos dos años juntos empiezo a pensar que estás conmigo por estar. Es más cómodo estar con alguien que sola... Simplemente, es comodidad.
-Eres gilipoyas. - Esta vez, no hay palabra bonita. Esta vez, Hugo recibe una palabra envenenada con odio. Esta vez, Hugo entiende qué está pasando.
-Alexis... En el amor hay que arriesgarse. No vale quedarse a medias. Es un juego en el que se da todo o nada, y tú... Cariño mío... Tú no estás jugando conmigo. - Y el mar se alborota, se transforma, se vuelve loco. Las olas invaden la arena... - No llores, amor mío.
-No. - Alexis aparta la mano de Hugo y se limpia sus propias lágrimas. - Tengo miedo...
-Sé valiente. Todos tenemos miedo pero lo superamos, no dejamos que nos bloquee. Luchamos y nos enfrentamos a él.
-Te necesito.

Hugo la mira y le da un beso en la mejilla. Le acaricia la cara y, esta vez, limpia la gota que recorre su rostro. El mar sigue alborotado, debe llegar la calma. Hugo sonríe, va a la habitación y vuelve con una maleta en la mano. Ya sabía que hoy era el día, no podía esperar más. La habitación se colma de silencio, Alexis no quiere entender lo que sucede. Hugo se acerca a la puerta y la abre.

-¡Te quiero! - grita desesperada.
-Ojalá fuera cierto... - Hugo deja las llaves en el recibidor y sale del piso.

"Cuídate, princesa."